“Europa” alejada de sus ciudadanos

Por Ramón Fernández Durán (en El Mundo)

El “proyecto europeo” está aquejado de una fuerte y creciente falta de legitimidad. En sus primeros años, hasta los ochenta, durante esos treinta años de capitalismo de “rostro humano”, mientras se construía el “Estado del Bienestar”, y se daba una situación de pleno empleo (fordista), la (débil) “construcción europea” de entonces gozó de una relativa buena imagen pública.

En esta etapa, la fuerte contestación social (y antipatriarcal) existente se desarrollaba en el marco del Estado-nación. Sin embargo, desde mediados de los ochenta, cuando se inicia el giro neoliberal del “proyecto europeo” (Mercado Único, 1985; Maastricht, 1991), y se van imponiendo desde Bruselas sus recetas al conjunto de los países miembros, con el paulatino desmontaje del “Estado social”, al tiempo que se acaparan por la UE crecientes competencias estatales, y que se va instalando el desempleo crónico y la precariedad (postfordista) en las sociedades europeas, la “construcción europea” se enfrenta a un rechazo ciudadano in crescendo.

Se incrementa claramente el “euroescepticismo”, que se ve reforzado por la incorporación de nuevos Estados miembros donde late un fuerte rechazo a la UE (Suecia, Finlandia y Austria, que se suman a los ya reticentes Gran Bretaña y Dinamarca). Más tarde, se asiste (desde el Tratado de Ámsterdam, 1997) a una creciente movilización ciudadana contra las instituciones comunitarias, que se refuerza al final del siglo (Niza, 2000, Gotemburgo, 2001, Barcelona, 2002) en paralelo al auge del llamado “movimiento antiglobalización”, pues la UE pasa a ser considerada como uno de los principales actores mundiales del nuevo capitalismo global. Y en los dos últimos años han proliferado movilizaciones masivas contra las privatizaciones de la sanidad, la educación y las pensiones en muchos países de la Unión.

Asimismo, la incorporación de los países del Este ha introducido un elemento más en la desafección en ascenso hacia las estructuras comunitarias. No por casualidad en las últimas elecciones al parlamento europeo tan sólo ha votado el 45% de la población de la UE a 25, y el 26% si se considera sólo a los países del Este. Los ciudadanos (sobre todo aquellos más afectados por las reestructuraciones en marcha) se alejan cada vez más de la UE, y los del Este se consideran a sí mismos como de “segunda categoría”, de ahí su desentendimiento del “proyecto europeo”.

No existe un imaginario común “europeo”, y las estructuras comunitarias (apoyadas en los Estados) lo están intentando crear en base al miedo al “otro”, interior y exterior, presentándose ante la ciudadanía como la mejor garantía de seguridad, interna y externa, con el fin ganar legitimidad. Con la nueva Constitución, la UE cabalga desde formas de “dominio dulce” a formas de “dominio fuerte” características de esta nueva etapa de “globalización armada”, al tiempo que promueve también un reforzamiento de las estructuras de dominio patriarcal, aunque a ritmo “europeo”, para mejor adecuarse a los nuevos escenarios de progresivo predominio de la fuerza en la gestión y resolución de conflictos, y adaptarse igualmente al desmantelamiento del “Estado social”.

La imagen de “policía bueno” de la “globalización” que hasta ahora gozaba la UE a escala global, seguramente se empiece a empañar en los próximos años conforme se vaya haciendo cada vez más necesario garantizar con el poderío político-militar la imposición de los intereses económicos de la Unión en el mundo entero, el acceso a recursos naturales crecientemente escasos que se ubican en espacios periféricos (para saciar la demanda en ascenso de un modelo urbano-agro-industrial cada día más depredador y contaminador) y afianzar en esos pilares la necesaria confianza monetaria y financiera.

Es en este contexto crecientemente adverso en el que tiene que ser ratificada la Constitución Europea por los veinticinco Estados miembros, para que la futura UE alcance una mínima legitimidad. Este marco se puede ver aún más enrarecido si la nueva administración Bush intensifica sus presiones para dividir a la “Nueva” y a la “Vieja” “Europa”, con el fin de “dinamitar” la consolidación de una UE superpotencia que refuerce al euro, y que pueda poner en peligro la hegemonía mundial del dólar y de paso la hegemonía global de EEUU. De hecho, la rivalidad entre el dólar y el euro no hace sino intensificarse. La ratificación de la Constitución se puede convertir en un calvario.

En nueve países miembros se contempla la realización de referendos (no vinculantes). En España va a tener lugar el primero de ellos. El PSOE plantea la consulta, que sabe que va a ganar, aunque le preocupa la elevada abstención, como un acto modélico de “europeísmo” para arrastrar a otros países cuyas poblaciones dudan. En Francia y Gran Bretaña puede llegar a triunfar el “No”, y de todos modos, en el resto, parece que la participación ciudadana puede alcanzar cotas aún más bajas de las ya registradas en las recientes elecciones europeas. Y en algunos parlamentos del Este ni siquiera está claro el triunfo del “Sí”. Los gobiernos han dicho “Sí” en Roma en octubre de este año a la Constitución, pero los pueblos y los parlamentos pueden sorprenderles con un “No” o una abstención masiva.

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Acerca de laexplosiondeldesorden

Activista en Ecologistas en Acción.
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