Carlos Otamendi y Ramón Fernández Durán, in memoriam

Por: J.A. Tapia – Rebelión

Hace algunas semanas murió Ramón Fernández Durán y , según me contó hace poco Manuel Suárez, antiguo compañero de la Comisión AntiOTAN, también murió hace algún tiempo Carlos Otamendi. Han desaparecido así dos figuras clave del movimiento antiOtan de los años ochenta, movimiento que fue capaz de expresar las aspiraciones pacifistas y antiimperialistas de millones de españoles y en el que gastaron muchas horas y muchas ilusiones centenares de personas que, en mayor o menor medida, invertían esfuerzos en una lucha en la que se dirimía la inserción de España en los esquemas político-militares de la época.

Para quien no conozca la historia, quizá vale recordar que el gobierno de UCD decidió en 1979 la integración de España en la OTAN, decisión a la que el PSOE, entonces en la oposición, se opuso con el lema “OTAN, de entrada NO”. El eslogan, que se hizo famoso, es un prodigio de ambigüedad y probablemente podría ser ejemplo paradigmático de las artimañas y mangancias en las que tan hábiles son los políticos, asesorados por mercadotécnicos, especialistas en public relations y líderes de opinión de todo jaez, es decir, personal especializado en manipular a las personas y obtener buenos réditos monetarios en la tarea.

En el periodo que siguió al intento de golpe de Estado de Tejero y Milans del Bosch el 23 de febrero de 1981, el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra hizo activamente campaña antiOTAN y ganó las elecciones en 1982. Luego, inmediatamente, comenzó a maniobrar para “deshacerse” de la oposición —propia y ajena— a la Alianza Atlántica. Ello formaba parte de la actitud general del gobierno felipista. De lo que se trataba, por supuesto, no era de acercar el socialismo, sino de modernizar España en el marco del capitalismo occidental liderado por EEUU. Pero la oposición popular a la OTAN y a EEUU era grande, partidos como el PCE, el Movimiento Comunista o la Liga Comunista Revolucionaria, abiertamente opuestos a la OTAN, todavía tenían estructuras con capacidad para impulsar las movilizaciones populares. Y había también muchos activistas independientes todavía no quemados y dispuestos a dedicar algún tiempo y algún esfuerzo a la causa. El franquismo había caído hacía poco y en mucha gente era grande el malestar frente a la realidad de que todo lo importante que estaba detrás del franquismo seguía en su lugar.

El resultado de esa “correlación de fuerzas” fue que las muchas movilizaciones antiOTAN que habían tenido lugar antes de que el PSOE ganara las elecciones en el 82 se continuaron con enormes manifestaciones en los años siguientes, cuando, ya con gobierno “de izquierdas”, millones de personas se opusieron a la OTAN y al militarismo. El movimiento pacifista fue así capaz de obligar al PSOE a convocar un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, pero no fue capaz de vencer la traición del PSOE. Independientemente de cualquier ánimo panfletario, “traición” parece ser la palabra apropiada para referirse en castellano a lo que ocurrió, a saber, un giro en redondo de la dirección del PSOE, que una vez en el gobierno remoloneó varios años hasta finalmente, forzado por millones de personas en las calles, convocar un referéndum. El PSOE aceptaba pues que “el pueblo” decidiera la cuestión de la OTAN, pero a la vez cambiaba su antigua oposición a la OTAN y ahora pedía a los españoles el voto a favor de la permanencia del país en ella .

En el referéndum que tuvo lugar el 12 de marzo de 1986 la participación fue del 59,4% de los votantes y el resultado fue el “sí” a la permanencia, que apoyaron 52,5% de los votantes, frente al 39,8% que votaron “no”. El PSOE había ganado. El movimiento pacifista antiOTAN sufrió una enorme derrota de la que prácticamente nunca se recuperó. Probablemente ahí habría que poner el principio del fin de partidos como el MC y la LCR. Probablemente fue también el final del periodo de movilizaciones populares masivas que se había iniciado en los primeros años de la década de los setenta y que había sido un factor clave de la transición y se había prolongado en los primeros años de monarquía constitucional, en las protestas obreras contra la reconversión industrial y en otras movilizaciones a menudo muy influidas por los nacionalismos y los regionalismos entonces en claro auge.

Carlos Otamendi era miembro del MC y Ramón Fernández Durán no estaba vinculado a ningún partido político. Yo no tendría ninguna duda en decir que ellos dos fueron las figuras más destacadas de la Comisión AntiOTAN de Madrid, coordinadora de grupos de barrio y organizaciones políticas que fue capaz de agrupar e impulsar los esfuerzos de centenares de personas en Madrid y que se convirtió también en elemento clave de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas. Que Carlos fuera miembro de un partido que se definía como leninista y que Ramón no lo fuera, se notaba enormemente en su estilo. A pesar de que las relaciones personales entre ellos parecían y seguramente eran buenas, Carlos no rehuía de ninguna forma el protagonismo, y, de hecho llegó a convertirse en la figura representativa del movimiento pacifista en los medios de comunicación. Y no hacía nada mal. En cambio, Ramón rehuia casi todo lo que fuera figurar, pero era el primero, con su buen humor, con su sarcasmo burlón y su empuje, en dar el callo y predicar con el ejemplo. En cierta forma podría decirse que Fernández Durán fue el Durruti del movimiento pacifista antiOTAN. Carlos Otamendi habría sido más bien su Pasionaria.

Ramón fue también miembro destacado de AEDENAT primero y de Ecologistas en Acción después. Publicó varios libros y siempre fue consciente de que los movimientos sociales por esto o por aquello son parte de una lucha general por trasformar la sociedad, o por evitar la transformación de la misma. En su libro La explosión del desorden fue de los primeros en plantear claramente la lucha de los movimientos sociales en un contexto en el que la clave no es ya lograr mejores condiciones de vida y trabajo, sino oponerse al creciente deterioro de las condiciones para la vida humana que el sistema capitalista genera.

A Carlos Otamendi nunca lo vi desde que la Comisión AntiOTAN entró en barbecho para luego morir de languidez después del referéndum. Me contaron que murió tras padecer la enfermedad del Alzheimer. A Ramón sí le vi una vez, a finales de los noventa, cuando en una visita a Madrid fui con una amiga a alguna reunión de activistas y allí me lo encontré. Creo recordar que al verme dijo algo así como “¡Compañero de la CAO, cuánto tiempo!” y lanzó luego sus típicas risitas que devenían risotadas.

Ni Carlos ni Ramón están ya vivos, pero estoy seguro de que en espíritu, al m enos en el espíritu que yo conocía, se solidarizarían en un abrazo con las luchas actuales y llamarían a acercarnos a la Puerta del Sol o a donde haga falta para apoyar a quienes hoy como ayer se oponen al mangoneo de políticos y ricachos. Antes o después, la humanidad tendrá que librarse de ellos. De lo contrario, feo es el futuro que nos espera.

Anuncios

Acerca de laexplosiondeldesorden

Activista en Ecologistas en Acción.
Esta entrada fue publicada en Obituarios y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s