Ramón, te quedas de pensamiento

Por: María González Reyes y Pedro Ramiro*

“Me pongo a ello sin saber muy bien cómo saldrá. He estado pensando mucho estos días en qué es lo que quería decir. Me venía a la mente (y al corazón) un montón de cosas, y bueno, no sé, espero poder ordenarlas mínimamente y que cobren sentido al contarlas”. Así comenzaba la carta con la que Ramón Fernández Durán se despedía hace unos meses de sus familiares, amigos y compañeras: en ella, contaba por qué había decidido abandonar el tratamiento de “quimio” y afrontar el proceso para tener una muerte digna, además de hacer un repaso a “una vida privilegiada e intensa que va tocando a su fin” e invitarnos a una fiesta en Pelegrina, cuando él ya no podría estar, “para celebrar que la vida sigue y es muy bella, aunque sea dura (o muy dura) a veces”. Y así empezamos también estas líneas, tratando de condensar en pocas palabras tantas reuniones, manifestaciones, encuentros y risas compartidas con Ramón, tratando de no dejar fuera nada de lo vivido en estos últimos meses, tan intensos, en los que hemos podido leer y comentar sus últimos libros y despedirnos de él.


Recordar a Ramón es escribir sobre una trayectoria política y vital marcada por el compromiso y la coherencia. En los setenta participó activamente en organizaciones de barrio y una década después impulsó el movimiento contra la OTAN, en los noventa, promovió las movilizaciones Desenmascaremos el 92 y 50 años bastan. Las otras voces del planeta, contra el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como el Movimiento contra la Europa de Maastricht y la Globalización Económica, acontecimientos que abrieron camino a lo que más tarde se conocería como movimiento antiglobalización. Y fue clave en la fundación en 1998 de Ecologistas en Acción, organización de la que formó parte conformándose como uno de los principales referentes del ecologismo social.

Entre sus libros destacan títulos como La explosión del desorden (1993), El tsunami urbanizador español y mundial (2006), El crepúsculo de la era trágica del petróleo (2008) y La quiebra del capitalismo global: 2000-2030 (2011). Pero Ramón Fernández Durán no sólo es una referencia indiscutible por su legado escrito: este ingeniero de caminos dejó su plaza de funcionario para dedicarse a tejer redes dentro de los movimientos sociales y así contribuir a crear esos otros mundos posibles. Siempre atento y receptivo a las diferentes opiniones, Ramón era escuchado y respetado porque era un compañero, y porque sus escritos estaban enmarcados en una práctica cotidiana que los envolvía de coherencia. Nunca olvidó que sostener el tejido social requería también de tareas como fregar los platos, hacer turnos en la barra cuando se organizaban fiestas para recaudar fondos, pintar pancartas o (esto ya más por placer que por otra cosa) disfrazarse cuando tocaba ir de manifestación. Su vida ha sido un ejemplo de simplicidad voluntaria, demostrando que es posible caminar sobre la tierra sin aplastarla y, al mismo tiempo, dejar una huella imborrable en todos los que tuvimos la ocasión de conocerle.

Maestro en el arte de explicar el papel de la economía financiera en el sistema actual y de unir causas con consecuencias para desenmascarar las supuestas bondades del “proyecto europeo”, en su carta decía: “Me da algo de pena desaparecer en estos momentos en que la historia parece que se acelera, determinada cada vez más por la crisis energética, ecológica y climática que amenaza al planeta y a las sociedades humanas. Sobre todo la primera, a corto plazo, pues el principio del fin de los combustibles fósiles, a punto de empezar, va a suponer una ruptura histórica total”. A la vez, en el libro al que se dedicó en los últimos tiempos y que constituye su testamento político [1], comentaba que “quizás puedan aparecer nuevas dinámicas socio-políticas y sobre todo culturales, si las sabemos impulsar, que puedan llegar a frenar y revertir toda esta sinrazón”.

En la despedida, a la que pudimos asistir las personas que formamos parte de las redes que con tanto mimo tejió Ramón durante toda su vida, una compañera entonó una canción de Labordeta, la Albada de la ausencia: “Aunque me voy, no me voy. Aunque me voy, no me ausento. Aunque me voy de persona, me quedo de pensamiento”. Seguirás con nosotros, compañero.

* María González Reyes y Pedro Ramiro son miembros de Ecologistas en Acción y de la Asociación Paz con Dignidad.

Este artículo ha sido publicado en el nº 47 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2011.
Notas

[1] Fernández Durán, Ramón: La quiebra del capitalismo global: 2000-2030, Libros en Acción, Virus y Baladre, 2011.

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Acerca de laexplosiondeldesorden

Activista en Ecologistas en Acción.
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