La huella humana de Ramón Fernández Durán

Texto leído durante el acto familar en recuerdo de Ramón Fernández Durán realizado el 21 de septiembre en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Por: Pedro Solé

Conocí a Ramón en tercer curso de la Escuela de Caminos, hace ya 44 años, pero creo que mi primer recuerdo suyo es su ladrido, allá por 1969. Estábamos en el campamento de milicias universitarias de La Granja, soportando una clase de los militares, cuando a lo lejos se oyó a un perro ladrar, y Ramón respondió de manera refleja con un ¡Guau! (siempre fue muy bromista, debió salirle del alma). Fue arrestado por “proferir gritos durante la clase” (lo cual, en aquel contexto, podría entenderse como que había prorrumpido en vivas a la Unión Soviética). Estuvo esos días muy preocupado por la posibilidad de que le hicieran repetir campamento. Su habilidad perruna debió impresionar a los militares, pues en una clase de prácticas posterior, cuando Ramón lanzó defectuosamente una granada, el comandante le espetó: “Usted ladrar ladrará cojonudamente, pero lo que es tirar granadas…”. Sin duda, Ramón no había asimilado bien las enseñanzas de la Formación del Espíritu Nacional.

Durante la carrera apenas tuve relación con él, éramos simplemente compañeros de promoción. En los dos últimos años fue cuando, por separado, seis o siete miembros de la promoción empezamos a interesarnos por cuestiones sociales. El mayo de 1968 estaba muy reciente y supongo que, de algún modo, su onda expansiva nos había tocado.

Después de terminar los estudios Ramón y yo mantuvimos y desarrollamos la implicación en estos temas, de modo que acabamos coincidiendo en seminarios de marxismo (a su vuelta de EEUU) y militando en el mismo grupo político anticapitalista. Colaboramos en el movimiento de barrios, concretamente en un barrio de Vallecas, además de participar en otras tareas políticas. Recuerdo ahora con cierta nostalgia las noches en las que a él y a mí nos tocaba tirar panfletos o pintar consignas políticas en las paredes, uno manejando el spray y otro vigilando si se acercaba alguien.  Por cierto que en esos ambientes fue conocido siempre como “el arquitecto”, a causa de sus conocimientos de urbanismo.

Uno de las características de Ramón que más me llamaba la atención por entonces era su carencia de aristas, su corrección en el trato, su discreción, su permanente tendencia a la conciliación, que quizá en parte se debían a su procedencia social: ni siquiera en situaciones de conflicto levantaba la voz a nadie ni adoptaba actitudes agresivas.  Los demás decimos de vez en cuando cosas desagradables y creamos ambivalencias a nuestro alrededor, pero no he llegado a conocer a nadie cabreado con Ramón.

Al sobrevenir la democracia y extinguirse el movimiento obrero, el conjunto de grupos que defendían entonces alternativas revolucionarias (que podrían totalizar quizá de 10 a 15.000 militantes en toda España) se vio abocado a una crisis terminal, pues hablar de revolución en un contexto de democracia formal sonaba absolutamente a chino. El suelo desapareció bajo nuestros pies. Una fracción significativa de esos grupos optó por reconvertirse para participar en el juego electoral, siendo absorbidos en un plazo relativamente breve por el PC o el PSOE. Otra fracción significativa consideró (consideramos) que esa práctica no conducía a ningún sitio de interés, disolviéndose y abandonando desde entonces toda actividad política. Pero hubo también una pequeña minoría con mucha moral, entre la cual se contaba Ramón, que no hizo ni lo uno ni lo otro, sino que permaneció dedicada a actividades antisistema, que poco a poco fueron evolucionando hacia el ecologismo, quizá porque el nuevo contexto sí  era compatible con una propuesta ecologista. Bien es verdad que un ecologismo coherente lleva sin duda a poner en cuestión el sistema, por lo cual tiene cierta validez esa vieja frase de derechas según la cual “los ecologistas son como las sandías, verdes por fuera y rojos por dentro”.

Desde esa fecha, alrededor de 1980, mi relación con Ramón fue ya menos frecuente. Sus compañeros ecologistas podrán hablar de sus últimos 30 años mucho mejor que yo. Por mi parte mantuve siempre la relación con él, porque se mantenía nuestra afinidad en la visión de la sociedad. Aparte de intercambiar correos, textos y opiniones, quedábamos de tarde en tarde a cenar por la zona de Chueca, lugar que ya siempre tendré asociado a él, y ahí nos pasábamos hasta las tantas discutiendo sobre la situación política y económica.

En estas últimas décadas él percibía la realidad social, económica y ecológica de forma catastrófica, pero a la vez su inveterado optimismo le hacía buscar incesantemente alternativas y formas de luchar contra lo que se veía venir. Sus numerosos libros, tras describir exhaustiva y documentadamente la realidad en toda su crudeza, invariablemente terminan con unas páginas en las que llama a organizarse para evitar esas consecuencias. Este optimismo a ultranza, característico toda la vida de Ramón, era para mí sorprendente.

Durante esa larga etapa Ramón se convirtió en un referente de la izquierda alternativa, la que no sale en los periódicos, había adquirido sin proponérselo un manifiesto liderazgo intelectual dentro del mundo ecologista. Jamás le he visto enorgullecerse de esa posición ni sacar partido de ella, no tenía nada que ver con esos frecuentes casos de personas que convierten el protagonismo en una razón esencial de su existencia.

Un rasgo llamativo de la evolución vital de Ramón fue su progresión descendente en la escala social, por voluntad propia. Pertenecía a una familia que se movía en ambientes más bien de alta sociedad; tengo aún en la retina una fiesta a la que nos invitó durante la carrera en su elegante casa de Rosales, en la que él y sus amigos de buena familia lucían pajarita, mientras que los plebeyos llevábamos una simple corbata. Pues bien, los 30 últimos años de su vida los pasó en un piso antiguo y deteriorado de la calle Barquillo, alquilado junto con otros amigos y amigas (que iban variando). Y así en todos los aspectos de su existencia. Tan austero régimen de vida le permitía mantenerse con unos ingresos mínimos y dedicar su tiempo a lo que quería (en 1989 dejó del todo la actividad profesional, y desde entonces vivió con ingresos irregulares y escasos: clases, conferencias, etc.).

De su última etapa no puedo por menos que resaltar su capacidad para mirar cara a cara a la muerte, que me parece que se da en muy pocas personas. Cuando el cáncer se reactivó con feísimas perspectivas, a finales del año pasado, me pasmó la serenidad con que me dijo: “He decidido tomármelo con calma”. Ya quisiera yo tener la mitad de su entereza y su racionalidad en una situación así.

Lo que ha sido una verdadera lástima es que el 15-M, una auténtica luz en la oscuridad reinante, haya aparecido en escena sólo unos pocos días después de la muerte de Ramón. Éste habría disfrutado una barbaridad contemplando su actuación y desarrollo, así como sus prácticas de democracia directa, y viendo en vías de confirmación su expectativa de que es factible construir una alternativa al sistema actual. Si el 15-M acaba haciendo historia, Ramón deberá figurar algún día entre sus precursores. Interesa recordar que el grupo al que pertenecíamos en los años 70 se situaba dentro de la corriente llamada entonces “autonomía obrera”, cuyo rasgo distintivo era sobre todo la defensa de prácticas de democracia directa en las organizaciones obreras y también dentro de los grupos políticos; es decir, evitar que las decisiones las tomaran los líderes, aunque éstos hubieran sido elegidos. El 15-M es otra cosa, pues no tiene un contenido de clase obrero, pero resultan evidentes las similitudes.

Me consuela pensar que su existencia, hasta donde yo sé, ha sido esencialmente feliz, salvo algunas breves etapas. Creo que habría podido suscribir la frase final del filósofo Wittgenstein: “¡Diga a los amigos que he tenido una vida maravillosa y que he sido feliz!”. Y creo que podemos decir también que ha vivido lo suficiente: siempre es demasiado pronto para morir, pero 63 años de existencia permiten cubrir las principales etapas.

Querido Ramón, compañero del alma, compañero, que andas ahora derramado por campos de Pelegrina, ha sido un privilegio tenerte como amigo. La marea de afecto que te envolvió cuando anunciaste que te ibas dio una medida de tu estatura humana. Que la Parca se lleve a personas tan valiosas como tú es incomprensible, absurdo, inaceptable. Te recordaremos siempre, amigo, y te recordaremos doblemente cada vez que sobrevenga una  catástrofe ecológica o económica de las que nos anunciabas (¡pero mejor que no vengan, ya tenemos bastante con Fukushima y Lehman Brothers!).

Pedro Solé
Septiembre 2011

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Acerca de laexplosiondeldesorden

Activista en Ecologistas en Acción.
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Una respuesta a La huella humana de Ramón Fernández Durán

  1. Jean Camille dijo:

    Es con profunda consternacion que me he enterado del viaje eterno de mi querido profesor Ramon. Es que sabiendo el tipo de persona que era, queria compartir con el mis pensamientos para la fiestas de Navidad y de fin de ano a traves de una postal que he hecho yo. Y me sorprendio su “pronto respuesta” que me remito a su blog y de alli me entere. Que noticias Dios mio. Que descanse en paz su alma. Estoy seguro que seguira obrando por los mas debiles y la justicia en todos sus aspecto donde quiera que este. Mis pesames a su familia y sus conocidos y no meresto de ellos.

    Feliz Navidad y Prospero Año 2912 a todos.
    Mas abajo os coloco el texto de la postal:
    Bajo la mirada del viejo puente Doumer Hanoi renombrado puente Long Bien, desde la reconquista de la independencia de Vietnam en 1945, entre cielo, agua y tierra, elementos básicos de la creación de los abismos de mi corazón, les deseo a todos mis queridos amores: Feliz Navidad. Sirva todo el misterio que caracteriza la historia de este puente llenarnos de alegría, amor, esperanza, éxito y saludos, no sólo para este año 2012, sino para todos los venideros. Que su travesía nos augure dichosos presagios de esta vinculo tan natural entre los hombres, pero tan difícil de construir, mantener, conservar e incluso restaurar. Me refiero en este caso al: AMOR, el único y verdadero camino hacia la caridad, el respeto, la tolerancia, la comprensión, la paz y el culto a la unidad en la diversidad. ¡FELIZ NAVIDAD Y PROSPEROS AÑOS 2012 A TODOS!

    Desde Haiti
    Jean Camille Etienne , alunmos de la ultima edicion del Master en Politica y Gestion Medio Ambiental en el que participo el apostol y maestro Roman que rapidamente simpatizo conmigo y mi tema de investigacion.

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