Crisis y elecciones

Por: JULIA ITOIZ – Noticias de Navarra

AYER domingo elecciones en la partidocracia española. Los capos del bipartidismo intentan hacer creer a la ciudadanía que tienen la solución a la crisis. La ciudadanía quiere creerles. Entonces lees lo que gente de la categoría intelectual e independencia política de Carlos Taibo o Ramón Fernández Durán han escrito, y cae la venda.

Descubres el alcance de lo que tanto nos preocupa. Los intelectuales del decrecimiento lo dicen. Estamos viviendo una crisis financiera mundial. Los capitales han estado de borrachera durante años. Después de gastar ayer la energía de hoy, están de resaca y no pueden funcionar con normalidad. Como dejamos que los bancos fueran los dueños del mercado, y como dejamos que el mercado se convirtiera en el centro de nuestras vidas, todos estamos igual. Olvidamos que no éramos más que obreros y nos endeudamos como burgueses. Y ahora que el patrón nos despide, que constatamos cómo han empobrecido el Estado, nos damos de bruces con nuestra auténtica condición social proletaria. Y si soñamos con recuperar nuestra anterior situación, debemos despertar. Porque detrás de esta crisis financiera sintomática que estamos empezando a vivir está la verdadera causa de la situación: una crisis energética que solo superaremos si somos capaces de realizar un cambio de sistema económico.

El capitalismo se ha desarrollado sobre la existencia del petróleo barato, y lo ha hecho en base a la premisa del desarrollo continuo, infinito. Sin embargo, petróleo y planeta son finitos. Ya hemos pasado la cúspide, y ahora empieza la cuesta abajo de este sistema. Para intuir el alcance de este hecho debemos ser conscientes que en la alimentación, la calefacción y la comunicación, utilizamos este combustible. Así que podemos quedarnos sin qué comer, sin cómo calentar nuestras casas en invierno, sin entrar en contacto con mercancías y personas. Nos encontramos inmersos en el inicio de un proceso histórico de ruptura total. Qué pena no poder observarlo en su totalidad. Para un historiador es un hecho apasionante ver cómo se derrumba una sociedad como la nuestra. Qué restos materiales dejará a su paso este desmoronamiento… Sería hasta divertido imaginarlo, si no fuera porque es posible que mucha gente seamos víctimas inocentes de la incapacidad de cambiar de una manera racional, consciente, gradual y previsora.

Pero aquí no termina todo. Acompaña a la crisis financiera y a la energética, la irreversible crisis medioambiental. En el desarrollo del capitalismo industrial hemos arrasado ecosistemas, envenenado aguas de ríos y mares, ensuciado y calentado el aire. Y ésta es la tercera crisis a la que nos enfrentamos. ¿Alguien cree que UPN, PP, PSOE tienen la solución a este problema? Tampoco el grupo de políticos minoritarios. Somos una aldea global, el alcance del desastre es mundial.

Para añadir a todo esto, debemos tener en cuenta que nuestra sociedad está peligrosamente armada. No es difícil imaginar qué pasará con esas armas y esos ejércitos cuando la luz falte, cuando el agua falte, cuando sobrevivir al día siguiente se pueda convertir en una suerte. Puede también que la estupidez humana, tal como dice Durán en su obra La quiebra del capitalismo global, alcance hasta el enfrentamiento nuclear. Y aunque no se llegara a ese extremo bélico, existen 250 reactores nucleares funcionando en el mundo, y otros tanto en construcción. Ante la crisis del petróleo, difícilmente nuestra sociedad va a abandonar la energía nuclear, a la que por otra parte solo le quedan 70 años de uranio. Con algo debe sostener las sobredimensionadas ciudades, los hogares insostenibles, la excesiva movilidad motorizad. En Fukushima, un año después del accidente, el eficiente Estado japonés todavía no ha apagado el reactor. ¿Qué pasaría si sucediera lo mismo en Garoña? ¿Tenemos fondos para hacerlo, llegado el caso? ¿Qué ocurriría si el Ebro no llevara suficiente agua para refrigerarla? Con el cambio en la cantidad de precipitaciones nadie puede estar seguro. Además de las armas que circulan por el planeta, hay que tener en cuenta pues las bombas nucleares asentadas en todo el territorio de occidente, que nos dan luz y también nos regalan muerte, llegado el caso.

Con este panorama ¿qué pueden hacer los políticos del bipartidismo español? Están donde están gracias a los poderes económicos y militares que sostiene este sistema en decadencia. Tienen las manos atadas y una venda en los ojos. Los más no creen los discursos de intelectuales del decrecimiento que abogan por el cambio escalonado y consciente. Son como pilotos de coches a toda velocidad dirigiéndose a un precipicio, por orden de los dueños de su escudería: la banca, las grandes industrias… Ellos no nos van a sacar de la crisis porque son actores principales de la crisis. Intentarán petachos, para que los negocios y las actitudes se mantengan. Y si algo cambia, será por la fuerza de los acontecimientos, no por un plan estratégico que impida mayores desastres. En la dinámica general los sistemas políticos se pueden volver más autoritarios todavía.

Todo esto no quiere decir que no haya solución. Pero pasa por todos nosotros. Es más cómodo que te contrate alguien a montar tu propio negocio. Es mejor que los políticos solucionen un problema sin que debamos cambiar nuestra vida. Pero esos tiempos han terminado. Somos parte del problema, debemos ser solución. No es sólo una crisis económica, energética o medioambiental. También es de valores. Tenemos que estar dispuestos a cambiar nuestros hábitos y empezar a ser más austeros. En el reciclaje del sistema existe un gran nicho de empleo que nos necesita a todos. Ante esta decisiva encrucijada histórica, podemos acabar en guerra o transformando a mejor el mundo. Podemos ser cáncer o jardineros de la Madre Tierra. Podemos optar por la inteligencia, la solidaridad y el amor o por la estupidez, el interés propio y la estrechez de espíritu. Y a partir de ahí construiremos, como siempre, la historia común.

Después de estudiar Historia de España he llegado a la subjetiva opinión de que somos un estado de jornaleros, a los que nos gusta que nos den trabajo a cambio de comida. Cuando nos enfadamos, montamos bronca. No necesitamos negociar porque la tierra no es nuestra. Y nos basta un poco de juerga y compañía para ir aguantado. Pero ahora es momento de convertirse en pequeños emprendedores, ecológicos, negociadores, exigentes con el poder público y con nosotros mismos. No creer que el señorito y sus capataces nos van a sacar del atolladero. La clave positiva del cambio incuestionable lo tiene la masa social, conectada mundialmente gracias a internet, y no los que pertenecen a las clases dominantes.

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Acerca de laexplosiondeldesorden

Activista en Ecologistas en Acción.
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