Milagros, apariciones y distorciones en la Tierra de Campos

Por: David Antona González

Esta página suelta,
giratoria,
aleando en el aire lentamente,
lentamente,
hoja de un ángel q
ue llegó a serolmo.

Blas de Otero

Para Ramón, con afecto

EL CIELO

Aquel día sopló sobre la Tierra de Campos un viento nuevo, huracanado, que tomó la forma de una aparición sobrenatural, la de una criatura mitad hombre-mitad ángel. Atravesó el aire a una velocidad vertiginosa y, después desapareció sin dejar huella por una de las esquinas del cielo. Salvo unas historietas escritas sobre unas páginas sueltas que revolotearon en el aire lentamente, de un lado para otro. Hasta que debieron cansarse de tanto vuelo y se posaron en el camino que conduce a la Vieja Ermita.

HISTORIA DE LAS OVEJAS Y LOS BORREGOS

De un tiempo a esta parte los pastores observaban que sus ovejas andaban algo revueltas, por no decir soliviantadas. No hacían caso ni de los ladridos del perro, ni de los cantazos bien ajustados que les lanzaba el pastor a modo de aviso para que las más díscolas reintegrasen el rebaño. Un día, inesperadamente, se empezaron a juntar en corros y a hablar en voz alta, y a quejarse de la poca consideración en que se las tenía. Todo esto sucedía al parecer porque algún cabecilla, que siempre los hay hasta en el rebaño más obediente y sumiso, les metió en la cabeza que no era normal (él decía “no era justo”) que año tras año los dueños del rebaño las esquilasen y las dejasen recorrer al albur, despojadas de su lana, los prados, las lomas, los regatos y los encinares, expuestas de esta guisa al clima duro y extremo de estas tierras. Hubo quien al final se apartó de estos grupos, temeroso de las consecuencias que podía acarrearle tanto parlamento. Pero hubo otras ovejas, rebeldes y envalentonadas por esa nueva forma de reunirse con sus congéneres, que siguieron discutiendo entre ellas y rumiando juntas las ideas de aquellos borregos rebeldes.

HISTORIA DE LOS ESCARABAJOS PELOTEROS

Desde un tiempo inmemorial, este admirable insecto se ha convertido en un símbolo y un espejo de lo que podría ser nuestra condición humana. El escarabajo pelotero sortea, con una paciencia que podría envidiarle el mismísimo Job, todos los obstáculos que se oponen a su torpe y lenta progresión. Mientras avanza, va recogiendo por el camino los materiales e ingredientes – olvidados, pisoteados o desechados – que va a utilizar para redondear la pelota destinada a dar de comer a sus crías. Unas crías que le esperan asentadas en un repecho, simple declive de terreno para nosotros, pero que para este esforzado atleta se asemeja a un mirador, un altozano, un risco, que él va a escalar bufando y empujando la preciada pelota. A punto ya de alcanzar la cima, por un pequeño descuido o un mal cálculo al intentar abarcarla con sus pinzas, la pelota se le escapa y echa a rodar ladera abajo. Alguien se preguntará, con razón, que porqué sucede esto. ¿Porque lo decretaron unos dioses crueles e indiferentes? ¿O porque allá arriba las crías se impacientaban y el escarabajo, al oírlas, se descontroló y perdió el pulso? No se preocupen. Nuestro animoso insecto irá de nuevo en busca de la pelota. Una vez abajo, la encajará entre sus pinzas y volverá, trabajosamente, a iniciar la ascensión.

HISTORIA DE LOS TOPOS Y LOS TOPILLOS

Hace tiempo que los topos han asumido su triste condición de pequeños roedores condenados a vivir en la obscuridad. Ni siquiera los de más edad, que por su experiencia podían haber dado a los topillos alguna explicación sobre el origen de ese extraño castigo (el tener que vivir enterrados, al margen de todo lo que allá arriba corre, vuela y salta , con la tierra bajo los pies o bajo las patas y con el cielo sobre la cabeza o las espaldas), fueron incapaces de alumbrar su mente y de animarles explicándoles que si hubo “un antes” a su condición actual, bien podría haber “un después”. Pero los topos, de generación en generación, se fueron acostumbrando a vivir en esos túneles sombríos y húmedos en los que se desplazan a ciegas, sin intuir que puede haber otras formas de vida, distintas o superiores a la suya. Se limitan a evocar, resignados e inquietos, la zozobra que introdujo en sus vidas aquel topo que se encontró un día con unas gafas y tuvo la ocurrencia de calzárselas. Quiso el destino, para redondear la historia, que así pertrechado, un viejo topo le prestase un libro que guardaba celosamente en su túnel particular. Aquel libro contaba que un gran pensador y poeta alemán apellidado Goethe había pronunciado, supuestamente, unas extrañas palabras antes de morir. “! Luz, más luz ¡”, fue lo último que pidió Goethe a las personas que le rodeaban cuando estaba a punto de despedirse de la vida. No cuentan las crónicas sobre la vida de los topos, si esa historia les animó a salir de sus escondrijos y logró curarles de su ceguera. O, cuando menos, si les abrió los ojos.

HISTORIA DEL AÑO 02

Los chicos del pueblo le habían colgado un extraño remoquete: lo llamaban “O2”. Alto, desgarbado, con un gabán raído y un pelo largo y revuelto que le caía en mechas sobre los hombros, “02” se paseaba a todas horas, indiferente a lo que sucedía a su alrededor, por las calles y las callejas del pueblo y en ocasiones por los sembrados y los vericuetos del campo. No sabíamos de donde venía, ni donde pernoctaba, ni de qué se alimentaba, ni como sobrevivía, ajeno y extraño a los calores extremos de la meseta en verano y a los cierzos y heladas en invierno. Nadie se paraba ya a escuchar aquella historia que tanto atrajo e inquietó a los vecinos que tuvieron la curiosidad o la paciencia de escucharle cuando apareció por primera vez en el pueblo. Venía, contaba, de un país donde una algarada de estudiantes se contagió, durante un tiempo, al resto de la población. A punto estuvieron de echar abajo una sociedad hipócrita y adormecida, amén de desigual y plagada de injusticias. Aquellos jóvenes, proseguía, que aspiraban a desplazar el cielo, a suprimir las cárceles y a tumbar los monumentos, quisieron ponerle un nombre a aquella explosión de ideas nuevas. Como todo iba a empezar de nuevo, decidieron llamarla “Año 01”. Pero, concluía tristemente, las aguas – por un momento alborotadas – volvieron a su cauce. Es decir, a la rutina, a la resignación y al mal-vivir. Nuestro extraño vagabundo, mitad hombre-mitad ángel, alzaba entonces sus alas, como si fuese a echarse a volar, y pronosticaba con una voz enronquecida que pronto, muy pronto, llegaría el “Año 02”. Después se callaba y fijaba su mirada en las nubes, como interrogándolas. Y estaba tan abstraído, tan ensimismado, que no parecía oír las risas y los gritos de los chiquillos que le rodeaban y se mofaban de él preguntándole: – ¡”02, 02”¡ ¿ Cuándo va a empezar el “Año 02”?

HISTORIA DE UN OLMO

El olmo había perdido la memoria del día en que siendo aún mitad hombre-mitad ángel, quiso poner fin a aquella espera. Ahora, cuando el viento soplaba en sus ramas y hacía temblar las hojas, oía un murmullo de voces que le recordaban las últimas horas pasadas en el pueblo. Hacía tiempo que su silueta encorvada, sus andares vacilantes y sus prédicas dejaron de llamar la atención de sus habitantes y de la nube de chiquillos que antes solían acompañarle. Tomaba la precaución de pasearse con las alas replegadas, escondidas debajo del gabán. Y aún así, no podía evitar que a veces se le encrespasen y se distendiesen como si quisieran emprender el vuelo. Al final de aquel verano, tras un día de calor denso y asfixiante, decidió poner fin a aquella espera. Por primera vez abandonó el cobertizo donde pasaba las noches y se fue a descansar a un lugar fresco y umbrío donde se alineaba, al borde de un regato, una hilera de sauces, de álamos y de fresnos. Durmió profundamente y soñó que había abandonado su antigua encarnadura para convertirse en un olmo. Aquel árbol sagrado tenía una conciencia nueva; sus raíces se hundían en la tierra y no le estaba vedado explorar el mundo de los sueños; sus hojas y sus ramas apuntaban de día al cielo y de noche a las estrellas; y por último su tronco, sólido y espeso, le situaba de lleno, definitivamente, en el mundo de los vivos.

Mayo de 2012

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Acerca de laexplosiondeldesorden

Activista en Ecologistas en Acción.
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