¿Quién es Ramón?

EL JUEGO DE ENCONTRAR LA PROFESIÓN DE RAMÓN FERNÁNDEZ DURÁN a quién tanto queremos.

Por: Nacho Marinas

El Plá maduro, en su retiro de arrepentimiento por su complicidad con el fascismo, nos advierte de las falacias que contienen los recuerdos escritos por los amigos y  dejó mandao que sus panegíricos los escribieran, si los mereciese, sus enemigos desconocidos: “única manera de que aflorara el pensamiento crítico que nos hace sabios”. No tengo otro mérito que el de ser tú amigo; con esa única vitola me dispongo a desmentir al terco ampurdanés y de paso aclarar, con el concurso de los lectores, uno de los enigmas que suscita la muerte de RFD: además de raro ¿Quién es Ramón?


Al intentar condensar tu rica experiencia en unas páginas, habré de ser prolijo, discúlpeme el lector.

Dicen que es ingeniero, así se le conoce en sociedad, y por ese título se le clasificaba cuando trabajaba asalariado; yo creo que no es apropiado ver a Ramón con los prejuicios de esta profesión, pues hace décadas que se cortó la coleta ingenieril y va por libre -forma parte del intelectual orgánico de los grupos alternativos al sistema capitalista-industrial-metropolitanizado, diseñando y proyectando otro mundo posible- y los ingenieros suelen trabajar para ese sistema, son disciplinados y obedientes, no se distinguen precisamente por ser críticos, están con los que mandan, y por ello son bien reconocidos y pagados.

Se intenta explicar estas contradicciones poniéndole el calificativo de ingeniero marxista, o incluso comunista; los que le tratamos sabemos que de su posicionamiento en la heterodoxia con la tradición comunista; militó en el ámbito de los movimientos autónomos que respetan la tradición anarquista para embridarla a una disciplina coherente con la lectura progresista de la historia. Fijó su posición política sobre dos principios básicos: en cada rostro un amigo y en cada pueblo igualdad; y el pueblo es el que ordena y manda.

Seguir llamándole ingeniero marxista filo comunista, debe de ser porque esta sociedad está borracha de titulitis y conserva los prejuicios franquistas; además de que, también, él sabe mucho de ingeniería y de los dos  marxismos. Pero para su profesión hay que inventar un nombre. A continuación propongo algunos. Escoged el que según vuestra experiencia más le cuadre.

Yo creo que Ramón es: por convicción un revolucionario en la vida un profesional, en su ficción un escritor del gran estilo. Y llega a ser por afición un pandillero y por carácter un castizo.
Las creencias de Ramón Fernández Duran se explican porque, al parecer, en algún momento, no se sabe cuando, profirió un juramento: el de ser piadoso con lo humano, crítico en el saber, y coherente en su vida. Esta promesa de santidad, que se hizo a si mismo, ha marcado siempre su norte, y la ha cumplido. Es por ello un revolucionario.

Ramón se ha distinguido por hacer profesión de ser él mismo bueno, coherente, y, además, dar la vara crítica: a las tradiciones que cribó separando el grano de la paja, ante los maestros y los discípulos, bajo el franquismo y la democracia; cabe distinguir que siempre se manifestó con afecto contra los de izquierdas y los de derechas, en las épocas de progreso y de retroceso de las posturas que creía más justas, entre los pobres o los ricos, hacia el pasado y el porvenir, hasta la extenuación y muerte; se esforzó cada día para comprender el mundo y tomar postura de hechos, por escrito y de palabra; según le es posible en cada coyuntura, contempla todas las caras del poliédrico mundo, sin precipitación, ya que nunca fija su opinión antes de meditar e intentar comprender  tesis y antítesis; so pretexto de hacer el libro que ayudara a dilucidar el futuro, escribió sobre los aspectos más complejos y comprometidos, tras haberlos estudiado y comprendido. En coherencia -por eso de ir a la raíz y el fundamento donde se cimientan los proyectos de acción- se condujo siempre, hasta la muerte coherente: como un profesional.

Cuando pudo verse libre de las obligaciones de ganarse la vida, hizo realidad la ficción de hacer un personaje de si mismo: se decantó por escribir en el gran estilo de los clásicos -quiso desarrollar el pensamiento omnicomprensivo del mundo, del hombre y sus destinos, para orientar la praxis en el sentido del progreso de los pueblos- cosa rara en estos tiempos postmodernos. Ramón es uno de los heterodoxos españoles; tal vez el más rigurosamente documentado, polifacético, ambicioso y osado del postfranquismo. Le habrán de leer quienes quieran entender el  cambio social, del localismo a la globalidad, en España, cuya sociedad resulta ser, junto a la china, una en las que la dinámica social ha manifestado su mayor gradiente en el último tercio del siglo pasado. Tiene una obra a contracorriente de las modas, solo degustada por los que comparten su afán alternativo, que en muchos aspectos es profética. Habrá que hablar de Ramón, largo y tendido, cuando este país se decida a salir de la crisis que nos atenaza. Es por ello un escritor de fuste y de gran estilo en la literatura política en España.

En su vida, por afición, se ha incorporado y entregado a diferentes colectivos, y él es cada uno y todos ellos a la vez: su familia, sus compañeros de estudio, los de militancia clandestina contra la dictadura, los de los barrios, los de su trabajo en la COPLACO, los especialistas en urbanismo, ordenación del territorio y trasportes, los ecologistas, los de las tertulias, los colaboradores de sus libros, los de Barquillo, los de las juergas y los canutos, los de los foros altermundistas, los del amor y los de la guerra. Por eso, en su velatorio se podían reconocer las distintas pandillas que formábamos en corros diferentes, en esa multiplicidad que le caracteriza había, desde banqueros a marginales, representantes de toda la escala social. Es un colega.

Como castizo -que viene de un linaje que por carácter responde de forma brava en diferentes suertes- obedece a muchas sangres, es: Ramón a secas, Fernández español viejo, Duran emprendedor, heterodoxo de la cáscara amarga castellana, sabio que busca sin desmayo la verdad, militante fundador de conventos, alegre en busca siempre  de la risa, trabajador amable ya que pocos tienen tantos amigos sinceros en los diferentes frentes que cubrió, valiente pues a podido a la muerte, madrileño, (emigrante, del centro y de sus barrios, y con el deseo, nunca cumplido, de regresar a sus orígenes), y sevillano: un don Juan que decía como nadie, “Hola mi niño/a”, cuando te daba un beso.

Ramón Fernández Duran es un hombre cumplido, se confunde, gradualmente, con la firma de su destino; ha tenido la fuerza de los héroes clásicos y ha tomado a la vida por la mano para imponer y desplegar todas las facetas de su personalidad; y la muerte no le ha sido infame. Es un hombre feliz.

Te despido con el saludo, al uso, para los españoles imprescindibles: ¡Olé, mi niño!

2012

Un año sin ti no arregló nada, nada, solo pérdidas. Nos consolamos con que tu figura crece y cada día tu pensamiento es mejor conocido y compartido, pero nos falta tu opinión en cuantos hechos tenemos que evaluar y tomar postura cada día; una opinión que sin duda sería sustancial, iría dirigida a iluminar esos aspectos complejos difícilmente verbalizables que parecen trasparentes porque, tal vez, son de la misma naturaleza de lo humano y por ello inaprensibles por el sistema académico de conocimiento; para acercarnos a ellos se necesita añadir los contrastes que aporta la mirada heterodoxa y en este campo tu aportación ha sido y será muy importante.

Seguimos a vueltas con las diversas crisis: ecológica, de reorganización del sistema político global, financiera, de producción, de consumo insostenible, energética, del sistema de conocimiento y de las formas de participar en política los ciudadanos; sobre cada una de ellas nos dejaste posicionado el teodolito para poder observar sus aspectos sustanciales. Pero, a mi entender, te faltó tiempo para hacer estación en el punto que permita observar la crisis del sistema como choque entre lo nuevo y lo viejo, lo global y lo nacional, lo inmutable de la especie y lo circunstancial del sistema. Vistas las cosas desde ese punto, como desde la colina desde la que don Quijote y Sancho observan a los dos ejércitos de borregos que van a entablar batalla, se puede ver la crisis actual con mayor clarividencia.

Si consideramos la crisis como un cambio de era de la civilización, un nuevo renacimiento que todo lo cambia, lo nuevo se puede describir como un sujeto vivo. El conflicto surge a partir de que el “sujeto especie” llega al uso de razón (toma conciencia de si para si, conoce a su yo, y  forja una imagen del mundo); y se agudiza cuando las hormonas aseguran los instintos de supervivencia. La nueva civilización, como todo lo humano, es un ser vivo; y le llegará al momento de asumir lo que la especie puede ser y aquello que, aunque sea deseable y hermoso, está más allá de lo posible para la especie.

Siguiendo esta licencia literaria se puede considerar que con la globalización nace una nueva era en la cultura de la especie: la conciencia global que aparece a principios de los sesenta; “Imagine” de Lennon fue su nana.

Este infante ha crecido robusto y sano imponiéndose al resto de las civilizaciones anteriores; así lo señala Bárico en “Los Bárbaros”, y lo corrobora la expansión de las comunicaciones e interrelaciones del sistema global.

La primera conciencia de su yo, sus deseos, fantasías y sueños le inducen a forjar un carácter: primero como infante que se cobija en los familiares, exige a berridos satisfacer sus necesidades, juega y aprende el lenguaje y a hacer cuentas, (esta etapa se correspondería con los setenta y ochenta en los que se desarrollan las nuevas tecnologías – su lenguaje propio- la conciencia ecológica -su forma de apreciar el mundo- y lo viejo -lo que no sea global y multiétnico- es arrinconado como obsoleto).

Más tarde, cuando llega a la adolescencia y las hormonas hacen su trabajo para que el joven asuma las necesidades de reproducción de la especie, pues toda vida exige reproducirse, choca con el sistema y exige otro (según la metáfora, en esta etapa estamos: las revueltas globales, exigen “otro mundo posible”). Esta crisis de crecimiento hace que su cuerpo cambie de joven promesa omnipotente a realidad concreta limitada.

La gramática parda nos dice que, a la par de que hemos de fiarnos de los sistemas de colaboración y cooperación heredados, también hemos de establecer controles para evitar los abusos. Como somos egoístas e insolidarios, la convivencia se organiza más sobre ¿cómo acotar las disputas? que sobre ¿cómo organizar la cooperación solidaría? La cultura, al mismo tiempo que describe el mundo, lo idealiza y lo confunde para que las misiones de los poderes fácticos sean las prioritarias. Y cada grupo, también los grupos alternativos, afines y solidarios, se mueven por el ansia de poder para lo que halagan de los instintos primarios de las masas Y de resultas de todo ello, lo que llamamos mundo es un contradios siempre desbordando los cauces previstos.

Madrid, 11 de Mayo de 2011

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Acerca de laexplosiondeldesorden

Activista en Ecologistas en Acción.
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